El secreto educativo de Shanghai

No es un secreto que una gran parte de la calidad de la educación depende de la calidad del maestro.

Ayer era noticia este artículo sobre cómo Shanghai se ha convertido en pocos años en el nº 1 PISA.

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Es decir, nada de tecnologías de ultimísima generación ni de la rápida implantación de nuevas tendencias educativas: la fórmula es bien conocida por todos, si bien raramente se aplica, debido quizá a los altos costes económicos que implicaría. Quién sabe si los docentes estarían dispuestos a dedicar gran parte de su día a aprender, y no a enseñar, algo que suelen hacer la mayor parte de los docentes chinos. Friedman señala que “los profesores pasan el 70% de su jornada enseñando y el 30% restante desarrollando sus habilidades y planificando sus clases”.

Como recuerda Friedman, “los expertos están de acuerdo en que, de todas las cosas que mejoran una escuela, no hay nada (ni el tamaño de la clase ni la duración de la jornada escolar) que resulte más rentable que darle a los profesores el tiempo necesario para la revisión entre pares y la retroalimentación positiva, la exposición a la mejor forma de enseñanza y el tiempo para profundizar en su conocimiento de lo que están enseñando”.

 

Su tiempo fuera del aula no se destina exclusivamente a corregir exámenes y trabajos, sino a compartir con sus colegas sus experiencias.

En China, la idea de que la educación es la llave de la movilidad social del éxito está muy enraizada. Ello implica que algunos profesores pasen gran parte de tiempo observando las clases de sus compañeros, un método ideal para comprobar lo que mejor y peor funciona en cada circunstancia. También se mantienen en contacto por internet con sus compañeros y dialogan con ellos, especialmente con los más veteranos, para ver de qué manera pueden superar los problemas que encuentran en el día a día.

¿El último factor que hace de esta una ecuación ganadora? Los padres, por supuesto, que se implican en la educación de sus hijos de una manera mucho más profunda que la que es habitual en España. Friedman asegura que “los padres acuden al centro educativo de tres a cinco veces cada semestre para desarrollar habilidades informáticas que les permitan ayudar a sus hijos con los deberes”.

¿Es posible en España este cambio social y educativo?

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